Blog de Jane Fraser
22 de septiembre de 2026

Para un niño en edad escolar que tartamudea, descubrir que uno de sus héroes del deporte también tartamudea puede cambiar la idea de “soy el único” por una verdad mucho más esperanzadora: las personas que tartamudean pueden competir y alcanzar el éxito al más alto nivel. Su ejemplo demuestra que la tartamudez no tiene por qué limitar el mundo de un niño.

La estrella de las Grandes Ligas de Béisbol George Springer ofrece quizás uno de los ejemplos más claros. Creció tartamudeando, recibió terapia del habla y hubo una época en la que evitaba hablar. Sin embargo, a medida que avanzaba su carrera, decidió hablar abiertamente sobre su tartamudez, incluso cuando sabía que los micrófonos podían captarla.

“No puedo transmitir un mensaje a niños y adultos si no estoy dispuesto a exponerme”, dijo Springer después de aceptar usar un micrófono durante un Juego de Estrellas. “Entiendo que voy a tartamudear. No me importa. Es lo que es. No va a impedir que hable ni que me divierta”.

La patóloga del habla y del lenguaje Loryn McGill, M.S., CCC-SLP, mostró lo que esa visibilidad puede significar en “Bringing It Home”. Brandon, uno de sus pacientes de seis años, comenzó la terapia creyendo que era la única persona que hablaba como él. Cuando llegó usando una gorra de los Astros, McGill le mostró un boletín de la Stuttering Foundation que tenía a Springer en la portada.

Poco después, Brandon llevó a un partido un cartel que decía: “¡Springer #4, yo también tartamudeo!”. Springer se acercó, le dijo que estaba bien tartamudear y le regaló unos guantes de bateo. McGill escribió que identificarse con alguien a quien admiraba ayudó a reducir las preocupaciones de Brandon y le permitió hablar más abiertamente sobre su tartamudez.

Springer no es el único. Shaquille O’Neal recuerda que en la escuela pensaba: “Por favor, que no me pregunten a mí”. Hoy, la leyenda y analista de la NBA dice: “Todavía tartamudeo. Pero ahora me siento más tranquilo con eso”. Los niños necesitan escuchar ambas partes: todavía tartamudea y se siente cómodo siendo él mismo.

Tiger Woods ha contado que le daba miedo que le hicieran preguntas en clase. Cuando supo que un joven admirador estaba siendo objeto de burlas, Woods le escribió: “Sé lo que se siente ser diferente y, a veces, sentir que no encajas”, y le recordó que había personas que lo apoyaban. Bo Jackson, quien fue All-Star en dos deportes, también ha hablado de cómo evitaba responder preguntas en la escuela y de cómo más adelante trabajó con un terapeuta del habla.

El relato de McGill ofrece una importante lección clínica: hablar abiertamente sobre la tartamudez, escuchar las experiencias del niño y ponerlo en contacto con otras personas que tartamudean puede ayudar a reducir el sentimiento de aislamiento y mejorar la comprensión de sí mismo.

Los deportes ofrecen un punto de partida familiar. Un terapeuta del habla puede preguntarle al estudiante qué atletas admira, compartir una breve entrevista y hablar sobre el miedo, el apoyo y la aceptación. El objetivo no es copiar las técnicas de un atleta ni dar a entender que el esfuerzo garantiza hablar sin dificultades. Se trata de mostrar que una persona puede tartamudear abiertamente, buscar ayuda, participar y hacer que su voz sea escuchada.

A todos los niños que tartamudean: ese atleta al que admiran quizá conozca el mismo temor de que le hagan una pregunta en clase o el mismo dolor que se siente cuando alguien se ríe.

Hay ayuda disponible. Un patólogo del habla y del lenguaje calificado puede ayudar al niño y a su familia a comprender la tartamudez, abordar los sentimientos difíciles y las conductas de evitación, y trabajar junto con la escuela. La Stuttering Foundation ofrece recursos gratuitos para niños en edad escolar y sus familias, maestros y patólogos del habla y del lenguaje.

Los atletas no pueden reemplazar una buena terapia ni el apoyo de la familia, pero cuando hablan con sinceridad sobre sus experiencias, construyen un puente. Les muestran a los niños que la tartamudez merece formar parte de la conversación y que sus voces también merecen ser escuchadas.