Un mensaje de regreso a clases para los adultos que saben escuchar

El material escolar más importante es el tiempo

Por Jane Fraser, Presidenta de la Fundación de la Tartamudez

Cada agosto hacemos listas: lápices, cuadernos, mochilas, zapatos nuevos, horarios y formularios. Preparamos a los niños para un nuevo año escolar tratando de anticipar todo lo que puedan necesitar.

Para un niño que tartamudea, yo agregaría un elemento más a esa lista. No cuesta nada, no hay que comprarlo y puede cambiar por completo su día en la escuela: tiempo.

Tiempo para terminar una oración, para levantar la mano sin sentir que debe responder de prisa y para leer en voz alta sin pensar que todos están perdiendo la paciencia. También necesita tiempo para decidir cómo quiere que su maestro o maestra responda cuando aparezca la tartamudez.

Y, quizás lo más importante, tiempo para que lo conozcan por mucho más que por la forma en que habla.

Durante décadas, niños que tartamudean han escrito cartas a la Fundación de la Tartamudez. Sus cartas son divertidas, sinceras, llenas de esperanza y, a veces, profundamente conmovedoras. En muchas de ellas aparece la escuela. Un niño escribió que sentía que a nadie le importaba porque tardaba demasiado en hablar. Otro dejó un consejo que todas las aulas deberían escuchar:

"Siempre debes decir lo que quieres decir, tanto en la escuela como en casa. ¡Lo que tienes que decir es importante!"

Esas dos ideas van de la mano. Un niño puede tener algo muy importante que decir y, al mismo tiempo, preguntarse si los demás estarán dispuestos a esperar para escucharlo.

Por eso creo que los primeros días de clases ofrecen una oportunidad muy valiosa para los adultos. Antes de que se formen hábitos, antes de que un estudiante decida que es más seguro no levantar la mano y antes de que sus compañeros aprendan a llenar cada silencio, un maestro puede crear un ambiente donde todos aprendan a escuchar con respeto.

Y eso no significa convertir la tartamudez en el centro de atención del salón. De hecho, muchas veces el mejor apoyo es el más sencillo.

Escuche lo que el estudiante está diciendo, no qué tan fluido habla. No termine sus palabras ni sus oraciones. Evite decir frases como "habla más despacio" o "relájate", aunque tenga la mejor intención. Espere de ese estudiante el mismo nivel de participación y de trabajo que espera de los demás. Cree un salón donde todos respeten los turnos para hablar, haya pocas interrupciones y nadie tenga que competir para ser escuchado.

Y después haga algo todavía más importante: pregúntele al estudiante.

Una conversación privada al comienzo del año puede evitar meses de suposiciones. Podría decirle algo como:

"Quiero que puedas participar plenamente en esta clase. Me gustaría saber qué podemos hacer juntos para que te resulte más fácil participar. ¿Hay algo que pueda hacer cuando te toque leer en voz alta o hacer una presentación que te ayude?"

La respuesta no será igual para todos los niños. Y precisamente de eso se trata.

Un estudiante quizá quiera que lo llamen a participar igual que a todos los demás. Otro puede preferir que le avisen con un poco de anticipación antes de leer en voz alta. Algunos querrán que sus compañeros sepan sobre la tartamudez; otros preferirán mantenerlo en privado. Además, esas necesidades pueden cambiar conforme aumenta su confianza.

El objetivo no es proteger al niño dentro de una burbuja. El objetivo es darle la oportunidad de participar en las decisiones relacionadas con su propia voz.

Los padres y los patólogos del habla y lenguaje pueden ayudar a que esa conversación sea más fácil. Una nota breve al nuevo maestro, una conversación durante las primeras semanas o un plan compartido para las presentaciones y la participación en clase pueden hacer que tres adultos, en lugar de trabajar por separado, formen un solo equipo que escucha al mismo niño.

También espero que podamos replantearnos cómo suena un año escolar exitoso.

Por supuesto, una buena terapia del habla es importante. Durante generaciones, la Fundación de la Tartamudez ha trabajado para poner información confiable en manos de familias, maestros y especialistas en habla y lenguaje. Pero el progreso de un niño no debe medirse únicamente por la cantidad de frases que dice con fluidez.

El progreso puede verse cuando un estudiante finalmente hace esa pregunta que llevaba tiempo evitando, o cuando levanta la mano para responder aunque sepa que puede tartamudear. También puede ser algo tan cotidiano como reír con sus amigos durante el almuerzo, hacer una audición para una obra escolar, presentar un trabajo frente a la clase o simplemente decir su propio nombre sin sentir la necesidad de cambiar la palabra.

Esos momentos importan porque la escuela no es solo el lugar donde los niños aprenden materias. También es donde descubren si sus ideas tienen un lugar y merecen ser escuchadas.

Un maestro no necesita ser experto en tartamudez desde el primer día de clases. La curiosidad, la paciencia y la información adecuada pueden marcar una gran diferencia. Y, sobre todo, ayuda saber escuchar.

La Fundación de la Tartamudez ofrece recursos gratuitos para el regreso a clases dirigidos a padres y maestros en nuestro sitio web.

Al comenzar este nuevo año escolar, deseo que cada niño que tartamudea encuentre al menos a un adulto en la escuela que le transmita, sin necesidad de decirlo en voz alta, un mensaje muy sencillo:

Aquí hay un lugar para tu voz. Tómate el tiempo que necesites. Te estamos escuchando.

Quizá ese sea el material escolar más valioso que podemos ofrecerles.